Leyendo: Brama.


La Sonrisa Vertical es la colección de la editorial Tusquets que publica libros de tinte erótico. El nombre deriva de la idea en la que el sexo femenino, visto desde una perspectiva distinta a la ordinaria, se asemeja a una sonrisa apreciada verticalmente. Imagínenlo.

La publicación más reciente de ésta colección lleva por título Brama y con un tremendo sentido que nos puede referir este concepto se idea una novela en la que, al entrar en contacto con ella, nos decepciona o desaparece. El título sin duda fue un desacierto pues no nos llena y terminamos pidiendo más de lo que se nos anunció.

Brama es la historia de dos hermanos, sus padres, dos mujeres y una casa que será el escenario de una lucha de autoridad. La historia comienza situándonos en un tiempo en el que ha sucedido todo lo que después se contará, por ello resulta un poco ajena esa primera parte y después es esa pieza que estuvo aguardando ser colocada en el rompecabezas. Me refiero que no inicia en el principio que compete al tiempo de la historia. Los demás capítulos con las voces de cada uno de los personajes que interesan a la historia, en la que sus experiencias y recuerdos (en su mayoría) darán movimiento a un espacio estático donde pensamos que ya no sucede nada, un espacio muerto y estéril para las relaciones humanas, pero latente para la naturaleza y los instintos animales.

La técnica empleada por David Miklos refleja experiencia, paciencia y gusto por su oficio ya que muchas de las emociones de los personajes se nos transmiten a través del texto de manera exitosa y gracias a ello podemos llegar a conocer mucho de ellos mismos. Incluso el humor hacer su aparición constantemente. Cada una de las voces que compone Brama está bien desarrollada y trabajada. No se escribe de la misma manera la voz de uno de los hermanos a la de su padre o su mujer así como no hablan de la misma manera. Por ello el carácter de cada personaje hace que pensemos que realmente es él quien nos cuenta la historia desde su punto de vista y no un narrador exclusivo creado por el autor para conducir el texto. Todas las voces se unen construyendo la historia en un narrador colectivo y cada voz está consciente de su papel en el texto. Ellos mismos, los personajes-narrador, te advierten de su presencia en el relato y de cuanto ellos te pueden contar a ti, hablan contigo, entablan una conversación con el lector. Los personajes parecen estar situados junto a ti y saben que su momento de contar algo se acaba o dará pie a otra cosa que tenga que decir uno de los otros protagonistas.

El morbo y la libido a que queremos vernos expuestos en el libro, quedan un poco sofocados. Si bien hay instantes donde la tensión sexual se libera y los deseos y necesidades son saciados, no son más que meros instantes, importantes por ser algunos de los pilares que sostienen y ejemplifican este argumento de la autoridad y el poder. Hay imágenes agradables que pueden despertar ese interés a lo erótico, pero a pesar de ser muy claras y digeribles son muy ligeras y poco impactantes. No es pornografía claramente, pero se reserva mucho y se limita a imágenes que ya nos son familiares.

Un buen texto desde la forma en la que está contado, que aunque deje algo que desear, nos brinda muchas otros elementos en su construcción que podemos disfrutar.

Leyendo: El percherón mortal.


Almadía estrena su colección de novela negra con dos aciertos y un fallo. Los aciertos son las dos novelas con las que arranca: Al lado vivía una niña, primera novela de Stefan Kiesbye, y El percherón mortal de John Franklin Bardin, que me agradó más que la primera mencionada. El fallo está en la última novela, pues El percheron mortal no es una novela negra, es una novela policiaca. La novela negra podrá provenir de la policiaca, pero la obra de Bardin no reúne las características para estar clasificada como tal.

Aclarado este punto puedo decir que El percherón mortal es un texto para aquellos que gusten de la novela policiaca y que se quieran enfrentar a un estado continuo de confusión. El libro se coge a tu mente, se la folla constantemente y no sabes donde estas en la primera mitad. Hay un interés por parte del autor en mover el suelo en el que estamos parados y no estar del todo consientes de lo que está sucediendo. Se hace de recursos sencillos y un tanto engañosos como nombres de fácil asociación por sus la letra con la que inician. Los espacios temporales perdidos harán que la historia pierda continuidad y sea confusa para que queden eslabones abiertos que con el correr de la historia se irán uniendo poco a poco, engarzándose en una historia que hasta la última página es como se completa.

Los personajes son muy desagradables, poco empáticos y sumergidos en una constante alteración de sus sentidos. Viven en mucho estrés y te lo transmiten, puede que ésta sea la razón de que quieras seguir avanzando en tu lectura sin interrumpirla. Es un texto en el que te adentras y no te suelta fácilmente. En la primera mitad te sientes perdido, cayendo a un lugar en el que no sabes donde pararás. En la segunda mitad, eres el detective que siente la necesidad de advertir que pasará, te dan ganas de gritarles a los personajes o intervenir en algo que, hasta el último momento, consideras no se está manejando de la manera correcta.

La historia está narrada en primera persona por George Matthews, un reconocido psiquiatra quien en un día de trabajo recibe la visita de Jacob Blunt, un chico que llega preocupado ya que piensa estar loco. Blunt le expone su caso: tres leprechauns le piden que haga cosas extravagantes a cambio de dinero. Él las hace desde hace un tiempo pero interesado y convencido de que se está volviendo loco decide hacer la visita al psiquiatra. Matthews presta atención a su paciente y decide acompañarlo en uno de los encuentros que tendrá Jacob con uno de los leprechauns. La sorpresa de George es grande cuando frente a él aparece un ser de baja estatura. Hasta este momento y un poco más adelante, pensaremos que el elemento de lo fantástico y su mundo se ven incluidos en éste relato, pero con el discurrir del texto desaparecerá y es entonces cuando comienzan a jugar seriamente con nuestra mente, con las expectativas que tenemos y que nos hemos ido formando sobre lo que ya se nos ha dicho. Nos vemos forzados a entrar en un estado de neutralidad para abrirnos a la idea de que todo lo posible puede y va a suceder.

La obra de Bardin trata de abordar a muchos de sus personjaes desde el conocimiento y manejo de la sique. Continuamente Matthews estará cavilando sobre acciones en los personajes que indiquen quienes son realmente, juega con ellos y trata de manejarlos a su conveniencia en determinado caso, los estudia, es el detonante para las reacciones que prevé sobre ellos, los analiza y perfila, sabe qué tipo de trato darles a cada uno por aquello que le revele el carácter. Toda esta idea la sostiene por un tiempo largo y le sirve como herramienta para darle continuidad a las acciones y no estancar el relato en un punto de incertidumbre. Quizá esto sea lo único de lo que podemos estar seguros al inicio del libro. Después lo abandona un poco para dar mayor movilidad a la narración.

Sin duda El percherón mortal  es un libro que se lee rápido por el interés que despierta en nosotros, que si bien no es un texto escrito con maestría, si hay mucha destreza en la forma en la que nos conducimos en un relato que al final nos emocionará.

Leyendo: Nueve cuentos


Desde que leí El guardián entre el centeno, entendí que en los textos de Salinger siempre hay algo que se cocina. Un texto en constante construcción dentro de nuestra cabeza que genera ideas e imágenes que nos hacen cuestionar la obra. Generalmente en la lectura de algún texto[1] reproducimos estas ideas en algo a lo que yo denomino imágenes cognitivas, (aludiendo a la lingüística pero sin ocupar el término en su totalidad), estas imágenes son el resultado de una descripción de un texto al que tenemos acceso. Las imágenes vienen con un sentido muy fuerte al que damos significación en el proceso de la comprensión de ésta. Ésta comprensión hace que entendamos la idea, la podamos digerir y produzca algo en nosotros. Los textos se ven acompañados de dos ejes importantes: la técnica y la sensibilidad.

Dicho esto quiero compartir una opinión sobre nueve cuentos que hacen eco en mi cabeza una vez terminados, no son impresionistas, no está en su naturaleza serlo. Relatos que son contados a manera de diálogos de los que se puede pensar se abusa el recurso estilístico. Narraciones que en el acto presente de la lectura no son difíciles, es más, se podría llegar a pensar que son conversaciones sin sentido, vacías o que no dicen nada. El momento en el que la bomba que las contiene detona es cuando tocas el punto final. No hay que reflexionar mucho para darse cuenta de los sentimientos que el texto te transmite, tristeza, vacío, coraje, miedo y una mirada ante la situación personal a la que dejamos de ser ajenos y en la que generamos empatía.

Salinger sentía afinidad por el mundo de los niños, por la forma en la que éstos conciben su realidad, motivo por el cual la mayoría de los relatos incluyen niños que en sentencias directas hablan del mundo. Actitudes de niños que crecen o que son el reflejo de lo que se les pide ser. Nueve cuentos en los que el mundo ha afectado a una sociedad. Existe una línea sobre la que se manejan las historias y es la guerra; soldados, mujeres desoladas, esposos muertos, hombres vueltos a la locura después de terminado su papel en la guerra.

Algunos de los personajes que toman parte en estos cuentos pertenecen a la familia Glass, una familia de ficción de la que Salinger ha creado una historia y una genealogía y de la que se habla en la mayoría de los relatos escritos por el autor. Así hacen aparición tanto en El guardian entre el centeno, nueve cuentos y Franny y Zooey. Estos personajes tienen relación con la vida del propio Salinger, por lo tanto podemos ver que el sentimiento con el que impregna a estos cuentos es algo de lo que el autor extirpa de sí.

Estos cuentos no tienen el propósito de contarnos una historia increíblemente grandiosa y magnifica o de volcarnos en impactos de imágenes pesadas que nos harán exclamar un ¡oh! Ante alguna línea (cómo lo hace en su momento Hinojosa con Un chico de cuidado). Son textos que buscan transmitirnos algo bastante grande, que alcanza inmensidades difíciles a nuestra percepción pero en las que está sucediendo algo y que con un dialogo hacen que nos demos cuenta de todo un universo, el de los personajes o nosotros, que no es estático, sino que también tiene movilidad fuera del marco visual.


[1] Todo lo que podemos leer y que va más allá de la escritura.

Leyendo: Píldoras Azules


Las historietas, o mamadoramente: novelas gráficas solo porque están dirigidas en su mayoría a adultos, tienen la facultad de contar historias sin ser tan descriptivos, tenemos el paquete de información ya representado ante nosotros, acciones y movimientos, objetos, escenarios, todo se nos está dando. El chiste es cómo.

Píldoras azules es la obra de Frederik Peeters en la que se cuenta la historia de Frederick, un escritor y dibujante, así como el autor, que conoce al amor de su vida en instancias espaciadas de tiempo, ella tiene un hijo con el que Frederik (el personaje) comienza a atañerse. Así vemos como se va construyendo una relación con sus discusiones y sus encuentros, sus acercamientos y los contactos sexuales que resultan una bomba entre esta pareja llena de química, un amor que va venciendo con muchos obstáculos y que aprende a manejar el principal, el hilo conductor de la novela: el seropositivo de Cati y su hijo.

El comic es un tanto informativo, educativo y explicativo ante la situación del ser seropositivo, pues en esta relación que va creciendo aparecen las dudas que atacan a las personas bajo esta situación, ¿Podemos tener relaciones sexuales? ¿Podemos ser amantes? ¿Qué dirán mis amigos, sus amigos y nuestros familiares? ¿Qué hago si me o le hago transmisor? Todas estas preguntas se van resolviendo de forma fluida, no se detienen a explicarte que sucede, te demuestra lo que sucede y así es cómo te enteras y entiendes la situación.

El trabajo mas importante dentro de la obra radica en el dibujo, en las viñetas cuadrangulares que contienen imágenes en movimiento, pues Frederik (el artista) consigue animar los gestos y las acciones de los personajes. Hay secuencia, movilidad, transiciones creíbles sobre planos fijos que dejan de ser estáticos ayudados por los diálogos y por  una historia que cuadro a cuadro se viene construyendo. Una novela grafica, ejem, bastante noble y conmovedora, que nos obliga a devorarla en un santiamén.