Día 2


19 de marzo de 2020

Me despertó a las cuatro de la mañana la alarma de un carro estacionado justo en la ventana del departamento, vivo en el primer piso así que todo el ruido de la calle me llega de primera, los chismes, la señora vendiendo sus revistas y periodicos, la máquina para despachar gente en los helados por turnos, mi vecina regañando a su perro, la misma vecina regañando a su hija. La alarma estuvo sonando por aproximadamente quince minutos, después de eso llegó el dueño y la apagó, arrancó y se fue de aquí.

Revisé Twitter mientras escuchaba el ruido, confirmaban la primera muerte en el país por el virus, era una persona una década más joven que mi papá. Al parecer había asistido a un concierto unos días atrás y los síntomas no los había presentado sino hasta hace diez días. Era muy poco tiempo, bueno, mucho a comparación de la peste negra o la bubónica, pero poco para lo que estamos considerando que vamos a vivir, todo es poco tiempo porque no consideramos lo que vamos a vivir. Busqué algo más de información pero no anunciaban nada, sólo lo que indicaba el titular de la noticia. Aún con el ruido de la alarma pensé en todos los contingentes que tuvimos antes de que se declarará como una emergencia sanitaria lo que estaríamos (o estamos) viviendo. El ocho de marzo miles de mujeres salieron a la calle a reclamar seguridad, a exigir que no las mataran, porque los feminicidios son un tema que debería de ocupar un apartado importante en la agenda de gobierno y el señor que está a cargo de eso pidió que no le pintaran las puertas del palacio. Tengo tanto arrepentimiento por haber votado por él y estoy seguro de no ser el único decepcionado.

Me quedé dormido pensando en el otro contingente, un festival de música al que asistieron muchas personas pero que además no fue cancelado por los organizadores aún con el tema de salud que estamos viviendo.

Eran las nueve y media de la mañana cuando desperté, puse la lavadora, me bañé y comencé a hacer tarea. Subí a tender la ropa, salí a la tienda de la esquina por aceitunas y me regresé a la casa donde me comí una torta de pierna y jamón.

Mientras hacía la tarea en las noticias llamo mi atención un titular sobre Italia dónde hablaban de Venecia y sus canales. Abrí el vídeo y quedé maravillado de lo que estaba ocurriendo: los canales se veían cristalinos porque el agua estaba sedimentada por la ausencia de movimiento de góndolas y vehículos motorizados, pero lo más sorprendente, lo más hermoso, eran peces y delfines que nadaban entre las aguas tranquilas, incluso mencionaban la aparición de aves a las que no se les veía en mucho tiempo. Se leía en los comentarios “no cabe duda que los humanos somos la contaminación más grande de este planeta”, “qué hermosa sería la tierra sin la humanidad”, “la única esperanza para nuestra querida tierra es que desaparezcamos”, “que se instaure un mes de cuarentena a nivel mundial y nos vamos a recuperar”, se me hacían comentarios curiosos, nada que no sepamos, pero tan adecuados, no como en esas conversaciones de borrachos o cuando quieres hacerte el interesante, no, ahí estaban, un auténtico sentir ante lo hermoso que era ver animales aprovechando nuestra ausencia.

Terminé una de mis lecturas y me perdí un rato en las redes sociales dónde el presidente nuevamente circulaba por enseñar unas estampitas religiosas como protección contra todo mal. Estamos jodidos.

En la tarde quise preparar una Focaccia, porque ya tenía las aceitunas, pero me quedé sin agua. Intenté lavar los trastes y nada, revisé la sisterna y estaba vacía. Seguro que cae agua durante la noche. Ya mañana lavaré y cocinaré.

Hablé con mi papá para saber si Georgina estaba bien y al parecer estaba más nerviosa porque otros dos de sus colegas habían dado positivos a la prueba del virus, ella irá mañana a revisión porque puede que las personas sean portadoras pero no presenten ningún síntoma, espero que no dé positiva porque mis hermanos y mi papá tendrán que revisarse también.

En estos días he pensado un poco en mi madre, en lo racional que era y lo tranquila que estaría ante la situación, sabría muy bien como tranquilizar a Georgina, incluso a mi papá quien se escuchaba un poco inquieto. Quizás también platicaría conmigo, viviríamos juntos, con su novio, quien sabe cómo serían las cosas.

Veremos qué ocurre mañana, espero ya tener agua.

Nota: investigar más sobre el virus para tranquilizar a mi papá.

AVISO: La presente narración es un texto ficticio, algunas de las situaciones, personajes y escenarios son reales como recursos narrativos, de aquí en adelante la enfermedad será distinta al COVID-19 y por lo tanto también sus repercusiones en la sociedad.

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