Leyendo: El ladrón de sueños.


No tenía idea de que Bernardo Fernández, también conocido como BEF, era un novelista, cuentista e ilustrador de diferentes obras. Recordaba su pseudónimo por una novela gráfica de Juan Villoro que pensé  era una copia de Indiana Jones. Después de hojearla me di cuenta de que solamente retoma el tema del objeto de leyenda pero que no es lo mismo y mucho menos un plagio de la historia.

Recientemente he estado leyendo obras con mucha violencia, con escenas desagradables o que te revuelven las entrañas, con cuadros de sexo que dejan poco a la imaginación. Al encontrarme con El ladrón de sueños de BEF pude tomar un respiro de todo aquello que me hace volar la cabeza generando imágenes muy pesadas y sorprenderme ante un texto agradable, bonito, fácil y atractivo para un determinado público. Leer a BEF no implica poner a pensar y sobrecalentar el cerebro, lo único que hace falta es dejar que las palabras nos hagan imaginar esos dos universos donde nos sitúan los narradores.

El ladrón de sueños cuenta la historia del Dr. Ventosa, Andrea y unos niños que han sido secuestrados por el mismo doctor. Es una novela para niños un poco grandes y para jóvenes con ganas de entretenerse, y claro, también para todo aquel que tenga entusiasmo por leerlo. Los narradores son uno omnisciente que a la par de la voz de Andrea, el otro narrador, irán contando la historia de un científico loco obsesionado con la idea de crear una consola de videojuegos generadora de pesadillas que serán robadas por el Somnirraptor, el mejor invento del doctor Ventosa. Una maquina mitad robot, mitad insecto, que tiene un detector de pesadillas el cual lo conduce a aquellas cabezas que tienen sueños desagradables por las noches. En la historia jugará uno de los papeles principales Andrea. Un día en el que se queda a dormir con su mejor amiga para jugar el WaRP II, consola producida por HumaCorp, empresa en la que trabaja el Dr. Ventosa, Andrea tiene una pesadilla que la despierta y alcanza a ver a un gigantesco insecto que está por robar aquel sueño incomodo que afecta a su amiga. Ella brinca para atrapar al Somnirraptor y termina aferrándose a él saliendo por la ventana del edificio, encaramándose en una aventura nocturna en la que se encontrara con los niños secuestrados, que tienen curiosos nombres populares para muchos de nosotros remitiéndonos a un gato y sus amigos de pandilla. Los niños fueron secuestrados por el doctor para ser sometidos a un eterno sueño generador de pesadillas que se convertirán en videojuegos.

Así entre un México ficticio se genera una historia contada con humor y fluidez que reúne entre sus páginas la aventura, la ciencia ficción, los mundos virtuales de los videojuegos, la amistad, la fantasía y el amor.

La historia viene ilustrada por Patricio Betteo, quien nos muestra muy a su estilo la idea que tiene sobre los personajes y los escenarios. En lo personal, preferiría que fueran omitidas estas imágenes pues el texto por sí mismo es capaz de hacer que lo imaginemos todo sin problemas, aunque claramente éste elemento lo hace más atractivo para su principal público. Algo que podría confundir un poco al joven lector es la manera en la que está segmentado el libro puesto que los capítulos siguen el orden de las fases del sueño pero también hay un inserto de temporalidad ajeno a lo que sucede en el tiempo del relato principal, no es muy complicado, solo hay que prestar atención a esta parte que sirve muy bien para causar un poco de tensión y emoción en la historia.

No es un libro complicado y mucho menos pretende ser la mejor novela, pero consigue lo que se propone que es entretener a un público joven con un idioma familiar y bien emplead

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