Leyendo: Arrugas


Envejecer es uno de hechos que más me dan miedo en la vida; llegar a los veinticinco sin terminar mi carrera, a los treinta sin más que un titulo de licenciado sobrevalorado o trabajando como taquero en alguna esquina,  a los cuarenta sin saber que suelo estarán pisando mis pies. Tengo miedo a enfrentarme a los inevitables hechos: la muerte de los que amo, la partida de los que aprecio y el despedirme eternamente de los que no coincidirán nuevamente en mi camino. Soy muy miedoso, cada que llego a la casa espero que todo esté en su lugar y mi hermana no siga creciendo y mi madre madurando. Muchas veces recurro al pasado y lo evoco componiendo canciones, viendo fotografías, leyendo mi diario o repasando las cartas de los amores de secundaría. Sé que aun estoy joven y que no he vivido ni un cuarto de siglo, pero el miedo ahí está y aunque busque razonamientos para alejarlo, solo se modifica o me muestra otras caras.

Paco Roca es uno de los artistas que he revisado últimamente con mucho interés,  su novela Calles de arena llamó mucho mi atención por los colores y la historia tan entretenida. Como hago (y supongo que muchos lo hacemos) cada que me gusta el título de algún autor, decidí ver algo mas sobre el artista y por alguna recomendación fue Arrugas el libro que atrajo mi atención. Ahora pienso que no debí leerlo.

Los lugares comunes se hacen presentes inmediatamente, al principio pensaríamos que es un recurso barato que nos conducirá a las lágrimas, pero no es así, es porque estos lugares comunes son reales, se viven día con día y probablemente son un elemento que llega al entendimiento de la mayoría de nosotros, no se quiere andar con la profundización de temas ya muy tocados. Digamos que los lugares comunes mas allá de ser un recurso son algo inevitable por la naturaleza de este relato, puesto que los sentimientos que se trastocan son los que se han tratado una y otra vez por las personas a lo largo de nuestra vida, la tristeza, la alegría, los celos, la desconfianza, la desesperación y demás. Ahora hay que tener en cuenta que cuando hablamos de viejitos estamos hablando de personas que están en un dominio superior de estos sentimientos, de una profundización de los mismos. No podemos decir que los lugares comunes en esta ocasión sean un recurso para atraernos y engancharnos, es más, podríamos decir que aquello que convierte algunos temas en lugares comunes quedan suprimidos y quedan sólo como temas desarrollados que ya han sido tratados.  Arrugas es el lugar donde las experiencias pierden validez, donde la sabiduría se anula y donde aquellos que han llegado a una etapa más avanzada de la vida se reúnen para contarnos su historia.

Para la realización de éste libro, Paco pensó en las personas de edad madura que conocía, escucho relatos de sus amigos en el que la tía se sentaba horas frente a la ventana mirando al exterior, pensándose pasajera de un tren con camino siempre a un nuevo destino. Visitó acilos donde conoció mujeres y hombres que tenían mucho que contar pero que lo estaban olvidando. Es probable que Paco haya percibido aquel ambiente de tristeza que invade aquellos lugares, ya que consigue retratarlo perfectamente en su obra.

La historia cuenta el ingreso de Emilio a un acilo, decisión tomada por su hijo. Ahí se contaran muchas historias, se inventaran otras y se olvidaran algunas que alguien más intentará rescatar, como la de una mujer que ingresa a dicho lugar y mantiene una relación con otro hombre que conoció ahí, su marido la va a visitar todos los días y ve con tristeza como ella lo desconoce por completo. Aquello que inyectará vida a nuestros personajes es Emilio, quien descubre todo se le está escapando de la mente y no puede hacer nada contra el Alzheimer que lo ataca. Él y otros compañeros suyos querrán comerse lo que les queda de mundo, sin tener mucho éxito en la empresa. La actitud de Emilio se opondrá rotundamente a la idea de perder la memoria, de que su mente quede suspenda en el olvido, intentará leer, memorizar, jugarle trampas a la mente, pero el triunfo de la enfermedad será inminente.

Memorias me recuerda todo lo que no quiero vivir, todo lo que no podría acostumbrarme a sufrir, nos retrata los comunes achaques del tiempo por nuestro cuerpo y espíritu. Es un libro que en algún momento podría ser divertido, porque también los viejitos hacen de las suyas, pero que al llegar al final nos recuerda que venimos solos al mundo y que pasamos por él de la misma manera.

 

Leyendo: Nueve cuentos


Desde que leí El guardián entre el centeno, entendí que en los textos de Salinger siempre hay algo que se cocina. Un texto en constante construcción dentro de nuestra cabeza que genera ideas e imágenes que nos hacen cuestionar la obra. Generalmente en la lectura de algún texto[1] reproducimos estas ideas en algo a lo que yo denomino imágenes cognitivas, (aludiendo a la lingüística pero sin ocupar el término en su totalidad), estas imágenes son el resultado de una descripción de un texto al que tenemos acceso. Las imágenes vienen con un sentido muy fuerte al que damos significación en el proceso de la comprensión de ésta. Ésta comprensión hace que entendamos la idea, la podamos digerir y produzca algo en nosotros. Los textos se ven acompañados de dos ejes importantes: la técnica y la sensibilidad.

Dicho esto quiero compartir una opinión sobre nueve cuentos que hacen eco en mi cabeza una vez terminados, no son impresionistas, no está en su naturaleza serlo. Relatos que son contados a manera de diálogos de los que se puede pensar se abusa el recurso estilístico. Narraciones que en el acto presente de la lectura no son difíciles, es más, se podría llegar a pensar que son conversaciones sin sentido, vacías o que no dicen nada. El momento en el que la bomba que las contiene detona es cuando tocas el punto final. No hay que reflexionar mucho para darse cuenta de los sentimientos que el texto te transmite, tristeza, vacío, coraje, miedo y una mirada ante la situación personal a la que dejamos de ser ajenos y en la que generamos empatía.

Salinger sentía afinidad por el mundo de los niños, por la forma en la que éstos conciben su realidad, motivo por el cual la mayoría de los relatos incluyen niños que en sentencias directas hablan del mundo. Actitudes de niños que crecen o que son el reflejo de lo que se les pide ser. Nueve cuentos en los que el mundo ha afectado a una sociedad. Existe una línea sobre la que se manejan las historias y es la guerra; soldados, mujeres desoladas, esposos muertos, hombres vueltos a la locura después de terminado su papel en la guerra.

Algunos de los personajes que toman parte en estos cuentos pertenecen a la familia Glass, una familia de ficción de la que Salinger ha creado una historia y una genealogía y de la que se habla en la mayoría de los relatos escritos por el autor. Así hacen aparición tanto en El guardian entre el centeno, nueve cuentos y Franny y Zooey. Estos personajes tienen relación con la vida del propio Salinger, por lo tanto podemos ver que el sentimiento con el que impregna a estos cuentos es algo de lo que el autor extirpa de sí.

Estos cuentos no tienen el propósito de contarnos una historia increíblemente grandiosa y magnifica o de volcarnos en impactos de imágenes pesadas que nos harán exclamar un ¡oh! Ante alguna línea (cómo lo hace en su momento Hinojosa con Un chico de cuidado). Son textos que buscan transmitirnos algo bastante grande, que alcanza inmensidades difíciles a nuestra percepción pero en las que está sucediendo algo y que con un dialogo hacen que nos demos cuenta de todo un universo, el de los personajes o nosotros, que no es estático, sino que también tiene movilidad fuera del marco visual.


[1] Todo lo que podemos leer y que va más allá de la escritura.

Leyendo: Un chico de cuidado


Francisco Hinojosa nos deja un agradable sabor de boca con sus cuentos en Un tipo de cuidado; donde nos muestra un autor menos preocupado por presentar un buen texto y más bien impresionista.

Un tipo de cuidado está lleno de cuentos en los que siempre (exceptuando uno), hay un muerto; mata a sus personajes a diestra y siniestra. Incluso en uno de los cuentos el personaje es un escritor que mata a sus personajes, un novelista que se mueve entre el terror y la línea policiaca. Los cuentos no dicen mucho, o más bien están tan cargados de puntos clave en la vida de los narradores, que muestran como en cámara rápida todo lo que les pasa, así discurren de manera ligera amoríos, matrimonios, sexo, infidelidades, golpes familiares, muertos (como queriendo resaltarlo), y tantos datos que hacen que la vida del personaje al que podríamos presentar mucha atención, no parezca más que un chisme que se pasa de boca en boca.

Pero el libro no está perdido, para nada, así como lo consigue en “A los pinches chamacos”, un cuento con humor negro negro y retorcido retorcido, como él mismo lo dijo en una conferencia (en la que me gané una de sus firmas). Los relatos nos atrapan fácilmente, nos enganchan, por ello cualquier lugar será el sitio perfecto que nos permita leer los cuentos, dejarlos en pausa y retomar la lectura nuevamente, no son aquellos textos en los que basta un pestañeo para perder el hilo de lo que se está hablando y más aún de lo que se viene cocinando dentro del texto. El relato es bastante noble y nos aguarda para que lo interceptemos en cualquier momento.

El libro toma el título por el segundo cuento, que no es el más importante probablemente como aquellos, dentro del mismo libro, que hablan de la sociedad en ese tiempo, de revueltas escolares, y de eventos reales, a excepción un cuento donde reviven muertos. Son ocho relatos entretenidos en los que, sin decir mucho, sucede toda una vida.

En definitiva el libro tiene algo que lo rescata de las sombras y nos recuerda que nos encontramos ante un escritor que sabe contar historias. Es el último de los cuentos, donde vemos, o nos situamos, en un ojo que ve muchos acontecimientos en una sola noche, una cámara que salta de lugar en lugar y que conduce a los personajes como una cadena. Una serie de sucesos en los que estamos situados en un lugar donde alguien más se sitúa y que nos arrastra a ese nuevo espacio en el que se mueve, que a su ves fluctúa con otro personaje que nos conduce por otro camino. Así hasta darnos cuenta de que estamos en un universo que es un círculo lleno de historias que se engarzan entre si… o mejor dicho… en una infinita y consecuente espiral.