Cosas de Libreros 7


Cliente: Hola, quería preguntar ¿este libro tiene algún descuento por estar abierto?.

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Clienta: ¿Tienes estos libros? (Me muestra tres títulos).

Yo: Permíteme y los busco (Reviso en el sistema, voy a los libreros, le entrego los títulos).

C: Gracias, voy a estar en la cafetería.

Y: Claro, sólo te informo que si vas a consumir alimentos y bebidas no puedes tener los libros en la mesa de cafetería.

C: Ah… no, sólo los voy a ver.

Y: (Subo minutos después, los libros abiertos junto a dos tazas de café y un plato de pastel de chocolate) Hola, me parece haberte dicho que no se podían pasar los libros al área de cafetería y consumir.

C: Ah, sí, perdón, no me acordaba.

Y: A no ser que los pienses comprar si quieres me los puedes entregar para que los coloque en su lugar.

C: Toma (me entrega dos libros). Este sí me lo voy a llevar.

Y: Muy bien, gracias.

C: (Después de un tiempo baja y me entrega el libro maltratado). Toma, no me lo voy a llevar.

Y: Pero el libro está maltratado.

C: No, así me lo diste tú, no lo quiero y no estoy obligada a pagarlo (lo bota en una mesa y sale).

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Cliente: ¡Amigo mío! ¿Cómo estás?

Yo: (Sorprendido porque nunca había visto al cliente) Bien, gracias, buenas tardes ¿y usted?

C: Muy bien.

Y: ¿En qué le puedo ayudar?

C: Pues mira, quiero estos libros (me muestra cuatro libros) y sí te acuerdas que la semana pasada vine y me dijiste que me harías un descuento del veinte por ciento (jamás se han dado descuentos con ese porcentaje en esa librería sin razón específica).

Y: ¿De verdad?

C: Sí

Y: Me parece extraño porque no damos descuentos de ese tipo, ¿cuál era el motivo para el descuento?

C: Ah, pues no sé, tu me dijiste que si me llevo los libros me haces el descuento.

Y: Ya… me temo que no es posible, no damos ese tipo de descuentos.

C: Pero sí tu me lo dijiste la semana pasada que vine.

Y: ¿Yo?

C: Sí, tú, ahí, donde estás parado me dijiste eso, ¿qué ya no te acuerdas?

Y: ¿Yo la semana pasada?

C: Qué sí

Y: Me parece extraño porque yo entré a trabajar esta semana, hoy es mi cuarto día (cosa que era mentira pero uno ya sabe cómo manejar a la gente tan particular).

C: Ah, pues si no fuiste tú fue alguien más.

Y: (Iniciando la táctica para dejarlo sin salida) ¿En la mañana o en la tarde?

C: En la mañana

Y: En la mañana sólo hemos tenido una compañera mujer (mentira también)

C: Entonces en la tarde.

Y: ¿Era un chico delgado?

C: No me acuerdo

Y: ¿Alto?

C: Que no me acuerdo

Y: ¿Rubio?

C: Qué no sé.

Y: ¿Pero sí recuerda lo del descuento?

C: Sí, y me dijo que esa cantidad.

Y: Creo que ya sé quién es

C: Entonces me haces mi descuento.

Y: Lo lamentó, no es posible, la persona que se lo prometió la despidieron hace unos días por generar conflictos en la empresa y autorizar descuentos que no damos. Yo entré en su lugar (mentira).

C: ¿Entonces tú me haces el descuento?

Y: No señor, no es posible.

C: A mi me prometieron un descuento si compraba estos libros.

Y: No son libros maltratados, no son libros de saldos, no son libros de segunda mano, no tienen un descuento por oferta en la editorial, no tienen algún descuento adicional, me temo que no hay descuento para esos libros.

C: Pero a mi me prometieron descuento ustedes.

Y: ¿Algo más en lo que le pueda ayudar?

C: Mi descuento o le hablas a tu encargado (ya muy molesto).

Y: Claro (le hablo al encargado quien le niega el descuento inmediatamente, el señor sale muy molesto y avienta los libros en la caja)

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Clienta: (con blusa de manta y bordados de flores, jeans, “rubia”, tacones, gafas para el sol en día de lluvia, aretes “artesanales”, brazaletes de oro falso en la mano derecha y pulsera tejida en la izquierda, bolso gigantesco y llaves en mano) Buenas tardes, tienes el libro de “las mujeres indígenas y sus derechos y obligaciones en la sociedad o algo así”?

Yo: Sí, tiene un costo de $$$$.

C: Dámelo porfa, pero no tardes porque me estacioné en doble fila. (suena su celular, saca un teléfono de última generación, contesta) Hola, sí, claro, sí amiga, aja, sí, claro, claro que sí, ¿de verdad? (llega el libro pero sigue hablando) es una pena, es el estúpido consumismo, sí, dile que no estás de acuerdo, ¿yo? (toma el libro y lo revisa) no puedo, estoy muy gastada, claro, el poder adquisitivo ha disminuido, se ve en todos lados, es el estúpido capitalismo, sí, claro, no amiga, ya, ya, aja, ya, no, pues dile eso, sí, no, claro que no, despídela, aja, bueno, me marcas luego nena que estoy haciendo un pago. (cuelga) ¿cuánto te debo?

Y: Son $$$$

C: ¿no tienes descuento?

Y: En este libro desafortunadamente no

C: Ni si te pago con American

Y: No, disculpe.

C: Por eso la gente no lee, porque los libros son mega caros y a la gente no le alcanza, el país está lleno de ignorantes porque las librerías se niegan a bajar sus precios. Ni Gandhi, caray.

Y:…

C: Cóbrame (extiende su tarjeta American Express color dorada) pero rápido que estoy estacionada en doble fila y ni descuento me haces por si me agarra la grúa.

Y: Aquí tiene, gracias por su compra, que tenga buen día.

C: Sí, gracias.

(sale de la librería, atraviesa la calle y se sube a una camioneta blanca).

El manual del buen librero: El buen librero (1)


El buen librero

Para poder llegar a ser un buen librero son necesarias varias cosas: los libros, los clientes, las editoriales, los proveedores, las áreas y muchas cosas que pronto serán tocadas pero primero es necesario llenar un perfil para poder ser un buen librero.

Sería un error decir que todos los libreros son iguales ya que de la misma forma en la que existen libreros (muebles) de distintas maderas también hay libreros (personas) con distintas personalidades. Sin embargo todos tenemos puntos que coinciden.

Para llegar a ser un excelente librero es necesario lo siguiente:

Amar o decir que amas los libros; una persona que se dedica a vender y negociar con libros no puede sentir odio o indiferencia por tan preciado objeto. Tampoco puede profesar un gusto promedio, similar al de las quinceañeras por algún artículo de moda. No, alguien que se hace llamar librero es quien daría la vida por los libros, quien conoce el verdadero significado de la sabiduría impresa, del registro humano entre las páginas empastadas y selladas bajo alguna editorial para ser vendidos. Es un amor que pocas personas peden entender, una relación de intimidad con el objeto, de odio a quien profane tan adorados ejemplares de algún título. Un librero no es banal, como los estudiantes de letras que subrallan sus libros, los marcan, los abren una y otra vez sin tener consideración del dolor, del sufrimiento, de la agresión que infligen sobre el libro.  El librero sabrá cuidar, proteger, limpiar, acomodar y apreciar el sacro objeto.

También es necesario conocer el material con el que se trabaja y de la misma forma en la que un jollero sabe apreciar una piedra preciosa, el librero reconocerá cuando una edición ostentosa de los diálogos de Platón realmente valga su precio y desdeñará las ediciones escolares y de bolsillo y económicas que tanto compran los que no saben de libros. Un libro no es caro bajo ningún motivo ya que lo vale, el conocimiento no tiene costo. Si alguien se queja de los costos de Gredos evidentemente se dirigirá a algún bazar a comprar la versión resumida de los registros que los clásicos nos han dejado.

Lo que sí es que existen los libros baratos y con esos pasan dos cosas: o salen a la venta porque evidentemente son malas ediciones o malos textos o jamás salen a la venta al público porque el afortunado librero es el primero en adquirir esa oferta.

Y es que el amor por los libros, la apreciación de los mismos, la riqueza que uno siente que cada página le aporta a la vida personal, el olor de un libro nuevo, el color de las tintas jamás vistas, la ruptura de un plástico que conserva impoluta alguna edición, la textura de una pasta dura o de polipiel, el peso de un catálogo de arte, el ruido de las páginas al pasar, todo eso y otras tonterías más son características que sin lugar a dudas tiene que tener un buen librero (no es necesario que sea verdadero, solo es necesario que lo diga y que lo aparente).