Leyendo: El Último amor en Constantinopla


Enredarnos en una historia donde la magia sea uno de los elementos que conviven con lo cotidiano, donde las historias de amor se entrelacen entre un destino marcado y aquello que llega accidentalmente a nuestra vida pero que forma parte de lo que seremos, enterarnos de la muerte de un ser amado por otro ser que llegaremos a amar, estar seguros de nuestro carácter y de quien somos frente a situaciones de guerra y de decisiones difíciles.

Después de leer El último amor en Constantinopla de Milorad Pavic me sentí agradecido por traernos una historia bien contada, escrita con cuidado en cada capitulo que forma el libro. Dos familias que terminan uniéndose en un lío amoroso adornado en la espesura de las guerras napoleónicas, batallas que nunca se desarrollarán dentro del texto pero en la que los personajes están inmersos y que hace que los personajes de ambas familias, los Opujic y los Tenecki, puedan tener el suficiente contacto para culminar con un amor ya vaticinado.

La estructura es fascinante, entendiendo que ya han sido contadas muchas historias de amor y que esta no nos podría ofrecer nada nuevo, pero lo consigue desde distintos flancos. El echo de que Milorad sea un experto en literatura simbólica permite que el ambiente y la descripción de todo el texto nos produzca una lectura un tanto obnibulada si nos alejamos de la línea de la historia de amor y caemos en tratar de descifrar los significados que envuelven el caminar del relato, lo cual no es negativo, por el contrario, da esta especie de misticismo y la producción de figuras que han dejado de usarse en las nuevas épicas y que sirven para que la voz narrativa sea mas orgánica y, por qué no, nos envuelva en un ambiente propio de dicha historia.

Otro elemento es el lenguaje, donde los verbos juegan el papel principal y tenemos mucho movimiento, sabemos que no estaremos estancados en la memoria de una persona o en los pensamientos de un personaje, si lo que quieren es acción eso es lo que tendrán, porque claramente eso de que es una historia de amor en Constantinopla suena un tanto romántico, y lo es en cuanto a un ambiente romántico, pero el movimiento que se da dentro de la novela es continuo, abunda el fluir de escenarios que transportan a personajes con cualidades muy especificas y que se pueden presentar o introducir en la historia de manera fácil y certera.

Pero el elemento principal, el que hace que este libro sea algo especial para nosotros los lectores es el elemento del tarot. La forma en la que se divide el libro es en las primeras veintidós cartas que son los Arcanos Mayores dentro de la lectura del tarot. Cada capitulo lleva el nombre de una de las cartas y los personajes actúan o su entorno actúa según el significado de la carta a la que corresponde. Además de esto el libro viene con un juego de las 22 cartas que permite una lectura de otro tipo, donde el lector tira a la suerte las cartas dentro de las aperturas permitidas en el tarot y se mezcla el texto con una adivinación propia.

En lo personal no creo en el tarot y lo que nos puede decir, pero me parece un componente de la obra que le da fuerza y lo diferencia de otras novelas, además de su estilo narrativo, su lenguaje provocador y los sentimientos que puede mover en nosotros los lectores, me parece, una obra completa en todos sus sentidos.

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