Viendo: De Roma con amor.


Imaginemos una película con Gael García, Ana Claudia Talancón, José María de Tavira, Penélope Cruz, Nicole Kidman, Matthew McConaughey (Ay wey), Jonny Weston, Abigail Breslin, Michael Cera y una aparición casual de Silvia Pinal (o alguien del estilo, igual no es muy importante, sólo le vamos a hacer una aparición casual). Ahora, escogemos los que se vean mejor juntos y tengan algún tipo de coincidencia en su carrera actoral cómo que sus películas gusten al mismo público o que se caractericen por interpretar algún tipo de cintas. Luego a estos grupos les hacemos una historia que valla de acuerdo con sus perfiles y estas historias las sacamos de otras películas que ya hallamos dirigido, le aplicamos formulas por las que ya nos conocen en el mundo del cine y por qué no, una de las historias trata sobre nosotros, porque muchas de las películas que hemos dirigido ya tratan sobre nosotros. Las shitstorias suceden todas en la capital de México, el fabuloso DF, pero no en el que se vive día con día, sino en el que nos anuncian los comerciales de agencias turísticas. Así todo pasa en el zócalo del DF al atardecer, en un café de La Condesa, en la colonia Roma, en las ruinas del centro, en el palacio de San Idelfonso, en una de las típicas chalupas de Xochimilco, en una Terraza de algún hotel o restaurante de “buen gusto” o en una calle escondida que se vea sumamente bonita. Listo. Ahora sólo falta la música, qué mejor que ambientar con ritmos latinos o con boleros, todo dependiendo del contexto, siempre canciones de esas por las que nos caracterizamos en el extranjero. Iniciar el filme con una canción famosa, no el Rey porque esa no va con lo que queremos retratar, qué tal… qué tal cielito lindo o mejor aún, un bolero famosón, uno del Flaco de Oro, ¡O Bésame mucho! ¡Sí! Esa me gusta, también la pondremos al final para despedirnos de un Distrito Federal de sueño, será orquestada o con mariachi. Tenemos cuatro historias con los actores listos para hacer su trabajo, con una fotografía de tríptico turístico y un ambiente que hemos cuidado hasta el mínimo detalle sea agradable, encantador, cozy por donde veamos. La ropa de los actores ciertamente corresponde a estos personajes comunes y casuales de México que en la vida real nadie usa. La historia de nuestro personaje, es la de nosotros mismos porque siempre somos el centro de nuestros filmes menos cuando no. La película comienza, suena Bésame mucho, vemos los títulos seguidos de imágenes del Distrito Federal soñado e irreal, atractivo y antojadizo, nos conduce la cámara como por un pequeño tour hasta que nos topamos con un personaje pintoresco (otro elemento de trípticos de viajes que al final de la cinta dirá lo mismo que éste primero pero que nos lo mostrará en otra visita al Distrito Federal) cómo la señora que prepara antojitos, la vemos trabajar un rato, disminuye el volumen de la canción de inicio y la escuchamos hablar diciéndonos: En México suceden muchas cosas, infinidad de historias que pueden ser contadas, historias de amor y esperanza, de bla bla bla, sucede algo gracioso, se le quema algo en el comal, y todos nos reímos porque es graciosos según Woody Allen. Todo esto es “De DF con amor”, la nueva peli de Allen grabada en nuestro país… o en Roma, da igual, es eso.

Woddy Allen se caracteriza por ser un workaholic (como su personaje)que hace cine incansablemente y que de todo lo que hace en ocasiones tiene aciertos por los que aplaudimos su trabajo o fallas que nos hacen pensar cómo es posible que pagáramos cuarentaicinco pesos por ver eso y no El caballero de la noche asciende.  En la sala casi vacía solo una persona se atacaba de la risa y era en aquello que hacía a la película insoportable o aburrida. Cabe aclarar que soy de los que pocas cosas no les gustan, basta con ver las otras películas de las que luego hablo. Yo imploraba a los dioses que esas casi dos horas que para mi fueron seis, terminaran. Ninguna de las historias me agrado, las actuaciones de los actores tuvieron poco interés y supongo que en su mayoría fue por tener un personaje carente de provecho o ser uno que han interpretado toda su vida: ellos mismos. Me parece que lo más triste (y triste me refiero a triste en el sentido de que es triste, deprimente, nada bonito, feo en el estomago, incomodo, vergonzoso) fue ver una película de un director interpretándose a él mismo en una historia en la que nos tenemos que burlar de él puesto que así lo quiere. Reírse de uno mismo, pero hasta en eso hay formas de no ser tan pobre.

La película se compone por cuatro historias que nunca se juntan  y que no tienen relación una con la otra más allá de ser una película ya dirigía por él previamente y por estar llenas de lugares comunes y escenas pintorescas. Una amiga me dijo que con él no se sabe si está haciendo algo para reírse de nosotros o para que lo sobre interpretemos o para algo más, pero algo seguro en él es que no es un imbécil, cómo él se autodenomina en la cinta, y que las cosas no las pone así porque sí. Nos ha demostrado que en verdad sabe ser bueno y no a un nivel mediocre.

Una historia es la de un hombre que va con su mujer a Roma de luna de miel (que bonito lugar común como las lunas de miel en ciudades como Roma) y que piensa quedarse para siempre por cuestiones de trabajo. Al llegar al hotel, Milly (Alessandra Mastronardi), la esposa de Antonio (Alessandro Tiberi) – ¡Dios! hasta los nombres son casi idénticos- decide salir a hacerse un peinado y se pierde en la gran ciudad, encontrándose con una actriz famosa del cine italiano que se interpreta a sí misma (nuestra querida Silvia Pinal) quien le presenta a un actor famoso que intentará acostarse con ella, al llegar al hotel aparece un ladrón y se arruina ese encuentro sexual… aunque ella termina acostándose con el apuesto Ricardo Scamarcio, el ladrón en cuestión. Por su parte Antonio tiene que presentar a su nueva esposa a la familia, pero le han juagado una broma, no su familia, alguien más, y es que una prostituta, Penélope Teamo Cruz, ha sido contratada para él. Su familia hace acto de presencia y en ausencia de Milly la sustituta como su mujer será Penélope. Irán a comidas importantes y sucederán cosas graciosas pero que no salen de lo predecible cómo personas que reconocen a Penélope en la comida con los empresarios. La historia finaliza con ambos personajes reuniéndose en el hotel, después de haber tenido relaciones con alguien más, y decidiendo irse de Roma después de una tarde romántica en el hotel. Creo que lo mejor de ésta historia y en general en la película es Penélope, llegó, hizo su trabajo de la mejor manera y desapareció.

Otra historia es la de un arquitecto que se encuentra con un arquitecto más joven que vive con su novia quien le dice que va a llegar su amiga loca-histérica-atrapahombres a vivir con ellos por un tiempo. El arquitecto mayor (Alec Baldwin) le advierte a Jack, el joven interpretado por Jesse Eisenberg, que terminará mal, pues él ya lo vivió. El triangulo amoroso nos recuerda un poco a Vicky Cristina Barcelona a acepción de que Ellen Page, la amiga loca, es una actriz mentecata, en su personaje… y probablemente en la vida real también lo sea. Su papel como mujer que atrapa a los hombres es lo más patético y alejado de lo que puede ser una mujer loca, sensual, atractiva y peligrosa y eso es claro en tanto que Page no ha salido de su estúpido y aburrido papel de Juno. Creo que lo único bueno en lo que ha estado Page es el Origen, aunque su actuación es igual de pendeja. Su voz es irritante y nasal, hasta lenta, su actitud insoportable, su mirada, su cara, toda ella es justo lo que Allen necesitaba para el papel de la actriz nada brillante. Qué mejor que juntar en esta historia a dos actores del cine alternativo o para gente joven. Pueden adivinar en que termina, fornican en un carro, él está enamorado de ella y en el momento en el que él va a terminar con su novia ella recibe una llamada para hacer una película. Obviamente lo deja y él sigue con su novia. Primero pensé que el papel de Baldwin era innecesario, pero por el contrario es un personaje que sirve para explicar la naturaleza de los otros personajes, sirve para hablar de lo falsa que es Page en el papel de Mónica (inicial con la que inicia María Elena, el personaje de Penélope en Vicky Cristina, no hay relación probable pero me pareció curioso) y nos explica su forma de actuar, citar frases de escritores sin conocer sus obras, en sí de hablar de todos estos posers intelectuales.

La historia de Benigni es sobre un hombre normal, común en Roma, de esos que se levantan todos los días y tienen una rutina y una oficina y una familia y un carro y demás cotidianidades. De momento, sin saber por qué, se vuelve famoso y él al preguntar sobre su fama le responden que es famoso por ser famoso, que hay muchos famosos que sin hacer nada solamente hacen eso: ser famosos… tremenda barrabasada y mensaje de fabula. La historia es aburrida hasta el cansancio y Benigni nos fastidia con una más de sus interpretaciones que tanto detesto. Si lloraron con Bambi y La vida es bella tengan por seguro que con esta van a reír eternamente y entonces es hora de leer El diario de Ana Frank que también es detestable… a mi parecer cabe aclarar. La historia concluye en que deja de ser famoso y pide nuevamente atención. Se encuentra a su ex chofer y éste le dice otro mensaje muy de cuento y enseñanza de vida.

Finalmente, la historia que menos me aburrió, fue la del mismo Allen quien interpreta a un jubilado hombre de la industria musical. Allen viaja a Roma para conocer a su futuro yerno, el guapo de Flavio Parenti en el papel de Michelangelo (por qué no una María más en nuestra película) quien conoció a la tierna actriz con cara de mustia Alison Pill interpretando a Hayley, quien, por qué no también está metida en el mundo de las artes. Allen está en desacuerdo con ese matrimonio y en una comida familiar, mientras  Giancarlo (Fabio Armiliato), el padre del novio, se está bañando, se escucha una angelical y talentosa voz que proviene de la regadera. Allen se maravilla y decide convertirlo en una estrella de ópera. La tradicional familia que nos intenta mostrar Allen se rehúsa y viene un enredo en el que al final Giancarlo se convierte en un cantante de ópera de regadera. La puesta en escena sólo puede ser con Giancarlo dentro de una regadera en el escenario, de lo contrario no podría cantar con ese talento suyo. Al final las criticas son buenas para con el cantante de arias pero para el personaje de Allen (no importa el nombre, todos sabemos que es Allen) desfavorecedoras e incluso lo llaman imbécil, palabra que Allen “no entiende” y la adopta con fingido gusto.

Sé que siempre les recomiendo algo para ver. Esta ocasión les recomiendo que vean Batman: el caballero de la noche asciende o Spiderman. Pero ésta no, no paguen el cine y cómprenla después para verla en la comodidad de su casa. O vean un anuncio de turismo por Europa, lo mismo pasó con Media noche en París. Espero la nueva película de Allen, que siempre nos da algo de qué hablar y por favor, el que Allen sea Allen no es gracioso, lo gracioso es que un director haga algo gracioso de verdad. El renombre a la hora de la calidad no le da o le resta puntos a algo.