Leyendo: Verde Blanco Rojo en la cocina mexicana.


Dicen que a un hombre se le enamora por la comida, que el amor le entra por la panza…

Yo no hablo por todos los hombres pero sí hablo por mí, que soy un hombre bastante complicado en sus gustos pero muy fácil de complacer, y esto se debe a mi dificultad para hacer elecciones y más cuando me presentan muchas posibilidades. Pongamos un ejemplo: llegas a un lugar donde venden desayunos y la carta es todo lo que tú quieres pero sólo puedes escoger uno de esos productos, finalmente te decides y ves que tiene posibilidades de combinación, que con pollo, que con cecina, con huevos, con tocino… entonces haces tu elección, llega el mesero y te pregunta que con qué los chilaquiles,  tú le respondes un poco avergonzado: “¿Se puede con todo menos huevos?”, el mesero te ve extrañado y formula la pregunta que causa eco en tu cerebro y te hace pensar en cuánto amas la cocina mexicana: “¿Verdes o rojos?”… Pues… diría… ¡bandera!

Lo más delicioso de la cocina mexicana, sin importar el estado del que provenga, es que se ha mantenido con el tiempo, tratando de ser lo más cercano a la cocina real, la cocina que todo mexicano come y no la alta cocina mexicana que incluye ingredientes que, por lo general son casi imposibles de encontrar. La cocina mexicana tiene historia y los mexicanos la hemos cuidado con mucho recelo, somos cuidadosos al pasar las recetas y mucho más a la hora de prepararlas (cuando generalmente terminamos agregando algo extra).

Fue una sorpresa la mía cuando buscando en los estantes un libro de cocina me encontré con el Verde blanco rojo en la cocina mexicana de Ricardo Muños Zurita. Al principio fingí desinterés debido a que generalmente los libros de cocina mexicana o los recetarios se dedican a la alta cocina. No es porque piense que es mala comida, sino porque necesito cantidades abundantes de alimento para poder funcionar como es debido. Sin embargo dije: David, por qué no hojearlo, ya fingiendo menos mi desinterés, y así lo hice.

Imágenes deliciosas, olores imaginarios, colores vivos y lo mas importante: recetas netamente sacadas de las cocinas mexicanas, tamales, pipián, moles, adobo de cerdo huasteco, aguacates rellenos de jaiba, calabacitas rellenas de elote, chileatole, chiles en nogada, papadzules, lomitos de Valladolid, rajas con crema, queso en hierbas mexicanas, pulques y demás recetas listas para ser puestas a fuego y luego a la mesa.

El libro es bastante útil para aquellos que quieren incursionar en la preparación de los sagrados alimentos, para aquellos que ya no se nos bate el arroz y para los que orgullosamente son las señoras (o señores) de la casa y se las saben de todas todas en la lumbre. Las recetas, que en algunos casos son complicadas, resultan bien explicadas y se muestran fáciles para la preparación, además de que al inicio cuentan con una nota del autor referente al platillo en cuestión. El libro se divide en: Verde, Blanco, Rojo, Tricolor y Recetas complementarias, contando con un glosario para aquellos que desconozcan algunos de los ingredientes.

En cuanto al autor no tengo más que decir que es un antropólogo de la cocina mexicana, o así se le ha denominado por el interés y la atención que ha prestado a la gastronomía de nuestro país. Las recetas tratan de apegarse a lo tradicional y las buenas costumbres de las cocinas, es un cocinero que se ha formado en cocinas parisienses y estudios en el extranjero, pero por encima de ello, hijo de familia mexicana con un restaurante de sabores de la costa.Un libro completo y listo para ponerse a la mesa… que, además, estoy seguro, lo quiere mi mamá.